| Manual de selvicultura de Frondosas Caducifolias |
ÍNDICE |
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4. REPOBLACIÓN CON FRONDOSAS 4.3 PLANTACIÓN 4.3.1 Densidades de plantación Las densidades de plantación vendrán condicionadas por razones selvícolas (principalmente temperamento y necesidad de formar fustes rectos) y económicas (objetivo de la repoblación y costo). Se puede hablar de cuatro rangos de densidades: bajas (menos de 800 pies/ha), medias (de 800 a 1200 pies/ha), altas (de 1200 a 2500 pies/ha) y muy altas (más de 2500 pies/ha). Las densidades bajas a las que en muchas ocasiones se han realizado las plantaciones de frondosas, buscando principalmente la reducción de costes, no parecen adecuadas si se pretende producir madera de calidad, ya que exigen utilizar planta de muy buena condición genética, una preparación del suelo y posterior plantación esmeradas, un rápido crecimiento en altura o la utilización de planta de gran tamaño y la presencia de vegetación de acompañamiento, natural o artificial, además de protección contra la fauna cinegética y cuidados de tallas de formación.
La plantación a baja densidad exige un seguimiento minucioso y la práctica de una selvicultura intensiva, y cuando el gestor no los puede llevar a cabo, es preferible plantar con mayores densidades. Solamente en especies como los nogales o los chopos, debido a sus necesidades de luz, y al uso generalizado de clones en el caso segundo, es preferible la plantación a densidades bajas. Las densidades que hemos calificado como medias y altas son las adecuadas para la mayoría de las especies frondosas si pretendemos obtener madera de calidad. Estas especies tienen tendencia a ramificar bastante y por tanto el repoblar con cierta densidad obliga a los individuos a desarrollarse en altura, buscando luz y consiguiendo de esta forma fustes más rectos. Las densidades muy altas se consideran únicamente en casos especiales, como las repoblaciones de haya o de otras especies de temperamento de sombra. Todos estos condicionantes hacen que para algunas especies se presenten distintas alternativas de densidad de plantación que se tratarán más delante de forma individualizada 4.3.2 Plantaciones puras o mixtas Cuando el objetivo preferente de la repoblación es el productor se consideran las plantaciones puras, de una sola especie, como las más adecuadas por su mayor facilidad de gestión. No obstante, en el caso de las frondosas, la consecución de altas densidades de plantación reduciendo el coste de la planta o pretendiendo acortar los plazos para la percepción de rentas con especies de turno largo, puede aconsejar efectuar repoblaciones mixtas, bien sea pie a pie o por bosquetes. Así, cuando la calidad y condiciones del suelo sean diversas, se intercalarán las plantas, en grupos de extensión reducida, como bosquetes o rodales, distribuidos según las exigencias de las distintas especies. Esta precaución debe tomarse también en especies que, como cerezo silvestre o fresno, son especialmente sensibles a las plagas y enfermedades. Todas las frondosas consideradas aquí, salvo chopos y nogales, agradecen una elevada densidad de plantas, por lo menos en las primeras edades, lo que contribuye a crear un ambiente forestal que les asegura una protección lateral e induce formas más rectas, más cilíndricas y menos ramosas de tronco. Esta densidad puede conseguirse en masas puras de frondosas o en mezclas con coníferas u otras frondosas más frugales que tengan mayor crecimiento inicial, con lo que el efecto de protección queda asegurado. En Navarra el haya se planta con frecuencia mezclada con el alerce y el pino de Oregón, y el carballo con pino laricio de Córcega y pino radiata. En Galicia se puede plantar el haya al abrigo de una frondosa de temperamento robusto como el abedul. No debe olvidarse que las mezclas pie a pie deben hacerse estudiando previamente el distinto crecimiento de las especies para considerar el marco más adecuado y proponer las operaciones de clareo posteriores. 4.3.3 Procedimientos de plantación La plantación mecanizada es prácticamente imposible para estas especies en el Noroeste de España, por lo que deberá realizarse manualmente. Siendo una operación delicada, no debe buscarse un incremento de los rendimientos basado en una deficiente ejecución de la misma. La plantación se ejecutará en período de parada vegetativa (en general de noviembre a marzo inclusive, aunque depende de las condiciones particulares de cada zona) y con humedad suficiente en el suelo, desechando los días de heladas, fuertes vientos y períodos de suelo encharcado. Las heladas son bastante peligrosas ya que se puede dañar la parte aérea de la planta y el suelo se encuentra apelmazado, impidiendo un buen contacto de la tierra con el sistema radical. Las frondosas presentan crecimiento invernal de la raíz, por lo que, si es posible, la plantación se hará preferentemente en otoño, tras la caída de la hoja, para que así llegue la planta al verano con un buen sistema radical que favorecerá su arraigo y crecimiento inicial. Con planta a raíz desnuda se procede a veces al embarrado del sistema radical, introduciendo el mismo en una mezcla de tierra superficial, agua y deyecciones frescas de vaca, en el que permanece hasta que se procede a la plantación, lo que parece mejorar notablemente los resultados al impedir la desecación de las raíces. En el caso de que la preparación del terreno se disponga en hoyos abiertos, la plantación a raíz desnuda se realizará con azada de boca estrecha, colocando la planta vertical con la mano libre, con las raíces bien extendidas y bien distribuidas; con la herramienta se va introduciendo la tierra en el hoyo, cuidando de no incluir piedras. La tierra se compactará alrededor de la planta en dos fases, con ayuda opcional de un mango y terminando la operación mediante pisoteo. Entre ambas mediará un tirón suave de la planta hacia arriba que asegure que el sistema radical no queda torcido. El cuello de la raíz quedará ligeramente enterrado, salvo en el nogal, aporcando ligeramente la tierra con las botas. En los restantes casos se abrirá una cata de profundidad variable, siempre superior en 10 cm a la longitud del sistema radical, usando la azada, pincho o plantamón. El proceso a seguir es análogo al caso anterior. No debe olvidarse que la parte aérea de la planta debe quedar vertical. La plantación a hoyo abierto es la de mejor calidad y debe practicarse obligatoriamente para todas las especies de raíz pivotante y también para la planta de tamaño grande. Para plantas en contenedor se procede de forma parecida, siendo suficiente una profundidad de cata que permita albergar el cepellón completo con el cuello de la raíz ligeramente enterrado. No debe comprimirse en este caso la tierra alrededor de la planta. 4.3.4 Fertilización Los suelos gallegos, por lo general, son pobres en fósforo, potasio, calcio y magnesio, y ricos en nitrógeno y materia orgánica. Al ser la mayoría de las especies frondosas exigentes en cuanto a fertilidad, y al existir deficiencias de nutrientes en los suelos, especialmente en terrenos de monte, la repoblación responderá favorablemente al abonado. Lo ideal es disponer de análisis del suelo y análisis foliares de la plantación para precisar las deficiencias reales. Para una determinación específica de las necesidades de fertilización debe consultarse a personal especializado. Sin embargo, pueden darse algunas recomendaciones de productos y dosis a emplear: Es importante en los suelos gallegos abstenerse de usar abonos ricos en nitrógeno, siendo deseable una proporción de fósforo y potasio 2 ó 3 veces superior. Se deben desechar para la fertilización forestal abonos como un triple 15 (15-15-15)
La utilización de abonos de liberación gradual es, normalmente, la más conveniente, ya que con ellos se consigue un mejor aprovechamiento. Es además estrictamente necesaria para acogerse a las subvenciones a medidas forestales en la agricultura (según la normativa vigente), en cuanto que previenen la contaminación de acuíferos. El método de aplicación del fertilizante será puntual y en profundidad, cuidando, sobre todo para abonos de fácil solubilidad como los complejos y muchos otros agrícolas tradicionales, que no contacten con las raíces, puesto que produce quemaduras. Se aplicarán en primavera antes de la actividad vegetativa, bien en el momento de la plantación o después de la misma. Los fertilizantes, en forma de pastillas, se localizan en un número de dos o tres por planta a unos 3 cm de profundidad y separadas unos 10 cm del tallo. Los complejos pueden aplicarse tras la plantación, abriendo surcos alrededor de las plantas que se rellenan de abono y se vuelven a tapar de tierra. Los granulados de liberación gradual pueden quedar en contacto con las raíces, por lo que suelen incorporarse en el momento mismo de la plantación. El efecto principal del abonado es que aumenta la rapidez de instalación, superándose antes la etapa juvenil, en la que las plantas son más sensibles a la competencia y a las inclemencias meteorológicas. 4.3.5 Distribución de plantas sobre el terreno y replanteo En cuanto a la distribución de plantas, en terrenos llanos se suele realizar "en cuadrados" o "en rectángulos", cruzándose en ambos casos las filas perpendicularmente. En terrenos en pendiente los puntos de plantación se dispondrán en curvas de nivel, siendo el marco (distancias entre dos filas consecutivas y dentro de la misma fila) en malla rectangular desfasada (triángulos isósceles) o al tresbolillo (triángulos equiláteros). En el caso de realizar una preparación del terreno por ahoyado mecánico con bulldozer y dos rejones, con un marco al tresbolillo por parejas, las líneas de plantación seguirán la máxima pendiente.
En algunos casos se aconsejan distribuciones en espina de pescado, con una pista central de la que parten en diagonal todas las calles, lo que facilita mucho el acceso al interior del arbolado. En terrenos con mucha pendiente solo podrá mecanizarse el trabajo con tractores que se desplazan en línea de máxima pendiente, por lo que las calles deben quedar en este sentido para poder mecanizar. El replanteo consiste en señalizar sobre el terreno los puntos donde se realizará la plantación, ejecutándose normalmente con cuerdas en las que se marca la distancia necesaria. En terrenos preparados por subsolado lineal quedan ya marcadas las líneas de plantación, que estarán separadas una distancia que variará según el número de rejones empleados y la longitud de la barra que los porta. La distancia a lo largo de las filas se adapta para obtener la densidad pretendida.
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