| Manual de selvicultura de Frondosas Caducifolias |
ÍNDICE |
|
5. SELVICULTURA DE FRONDOSAS 5.2 OBJETIVOS DE LA SELVICULTURA DE FRONDOSAS Todo este conjunto de problemas no pasan desapercibidos para el propietario particular que observa con atención sus bosques y que por ello está dispuesto a cuidarlos aplicando las técnicas oportunas. Al mismo tiempo, el selvicultor se desalienta ante los múltiples problemas que plantea esta especie y las dificultades que encuentra para solucionarlos. Se exponen a continuación unas generalidades sobre la selvicultura de frondosas que debe practicarse para producir madera de calidad. Se marca ese objetivo ya que la madera constituye el producto directo principal y más rentable que puede obtenerse de este tipo de bosques, lo que repercute directamente en el propietario y supone un interés del mismo en su conservación y mejora. Casi todas las especies que se tratarán pueden producir madera de alta calidad, aunque muchas de ellas solo lo hacen en estaciones óptimas. La demanda de buena madera ha aumentado con el paso del tiempo, siendo las previsiones de su mercado futuro muy optimistas. Para producir este tipo de madera se requiere que los árboles adopten un porte forestal, lo que supone las siguientes condiciones: altura del árbol elevada, con un fuste único y recto, copa reducida al tercio o a la mitad de la altura, ausencia de ramas en el tronco principal, diámetro importante del tronco y forma cilíndrica del mismo. Es necesario advertir de la diferencia que existe entre árboles de este tipo y aquellos que, por estar orientados a la producción de fruto, presentan copas desarrolladas y tronco corto y ramificado. De este modo, el criterio que se debe aplicar para considerar un árbol como de buena calidad no será tanto su capacidad de crecimiento y su tamaño como sus características de forma, ya que en frondosas (y especialmente en roble) es difícil encontrar pies de fuste único y recto. Las actuaciones que deben realizarse en el monte para conseguir este tipo de árboles no difieren mucho de lo que podría ser una evolución natural del mismo, aunque se procura acelerar los procesos naturales para obtener madera a menor plazo. Este tipo de selvicultura se adapta por tanto bastante bien a una función recreativa y de conservación, aunque es evidente que siempre se dará prioridad a los árboles de mayor valor comercial, que son los que crecerán hasta llegar a las últimas cortas. Las masas naturales producen madera sin intervención del hombre, pero con bajo rendimiento, con muchos árboles de mala calidad y pocos buenos. Por tanto es fundamental que el selvicultor intervenga en la masa para regular esa fuerte competencia, a favor de los segundos. La mayoría de las especies frondosas presentan una débil dominancia apical, lo que quiere decir que a menudo no presentan una guía principal que se convierte en el tronco único del árbol; tienen por tanto tendencia a bifurcarse o a ramificarse abundantemente. Es importante por ello que los árboles crezcan en compañía de otros, que por el efecto de competencia lateral favorecerán la formación de troncos únicos y rectos. Por tanto, en especies frondosas es importante mantener elevadas densidades iniciales en los primeros años, lo que ayuda a alcanzar adecuadas formas forestales. Así se consigue también una mayor base para seleccionar los mejores árboles. En montes procedentes de regeneración natural lo normal será la existencia de elevada espesura, pero en repoblaciones artificiales se acude, por motivos económicos, a menores densidades. Los primeros años de vida son aquellos en los que el fuste se desarrolla en altura, siendo el objetivo principal la consecución de un número suficiente de árboles con forma forestal aceptable. A medida que crecen en altura y diámetro, las ramas inferiores, al ser sombreadas, mueren y caen, consiguiéndose la poda natural, que es buena en casi todas estas especies.
No es conveniente en ningún caso cortar ramas muy gruesas, ya que, al cicatrizar lentamente las heridas, entran con frecuencia pudriciones que hacen inservible la madera. Estas pudriciones se producen con más frecuencia en árboles viejos, por lo que la edad de corta no debe ser larga. Si se manejan densidades no muy altas habrá que conseguir artificialmente la eliminación de ramas y la consecución de fustes rectos mediante podas y tallas de formación respectivamente.
El manejo de densidades iniciales altas permite una adecuada selección mediante cortas intermedias llamadas clareos y claras. El efecto de selección que se consigue en la selvicultura de la mayoría de las especies frondosas es importante: se parte de muchos árboles y se seleccionan sólo unos pocos que por su adecuada forma interesa que alcancen las cortas finales. La práctica de los clareos y claras deriva de la mayor necesidad de espacio que los árboles tienen conforme aumenta su edad. En la eliminación de árboles de frondosas en cortas intermedias es preciso considerar que los de mayor altura o dominantes a veces no son los mejores, sino que presentan mala forma y gran ramosidad, por lo que deben dejarse los pies mejor conformados. En las frondosas será fundamental efectuar una selección positiva, marcando los pies que por sus buenas características de forma interesará favorecer especialmente, ya que se supone que llegarán a las cortas finales. Esa operación se llama selección de pies de porvenir, tratándose de una fase de especial importancia y que condicionará todas las actuaciones futuras, ya que los árboles seleccionados se mantendrán prácticamente libres de competencia mediante claras a su favor. Además del efecto de selección ya mencionado, las claras tienen un efecto de acumulación del crecimiento del monte en los árboles que se dejan en pie, es decir, un incremento del diámetro y del volumen. Cuanto mayor es el diámetro del tronco del árbol mejores serán sus posibilidades de utilización en la industria de aserrado o chapa que es donde se paga la madera a mayor precio. Sin embargo, en frondosas es difícil obtener diámetros grandes si no se realiza una selvicultura adecuada, fundamentada en la ejecución racional de claras. Ninguna actuación en montes de frondosas debe dar lugar a la puesta en luz repentina del tronco de los árboles, ya que estos se cubren con facilidad, en casi todas las especies, de brotes chupones, que deprecian considerablemente la madera. Es por ello que las claras no deben ser muy fuertes, ni tampoco las podas. Por otro lado, los cambios bruscos de densidad provocan incrementos fuertes del crecimiento en diámetro, con lo que los anillos de crecimiento de la madera pasan de repente a estar muy separados, lo que no es conveniente para su transformación industrial. Tras todas las operaciones culturales que posteriormente se analizarán llega el momento de las cortas finales. En selvicultura estas cortas se llaman de regeneración, ya que dan lugar a la obtención de un nuevo arbolado. Podrá optarse en este caso por regenerar mediante plantación o conseguir regeneración natural por rebrote o por semilla, fácil de conseguir en medios atlánticos, con climas suaves y fructificaciones frecuentes.
|