6. SELVICULTURA DE LAS PRINCIPALES ESPECIES DE FRONDOSAS FORESTALES PARA EL NORTE DE ESPAÑA
6.1 Betula alba subsp. celtiberica: Abedul. Bidueiro
Los abedules aparecen especialmente en el Norte de la Península Ibérica, con algunas representaciones hacia la zona centro. El abedul del cuadrante noroccidental se ha considerado en ocasiones como especie distinguible de otros abedules, y a él nos referiremos en este manual. En Galicia está presente en la práctica totalidad del territorio, siendo más frecuente en las provincias de A Coruña y Lugo y más escaso en la de Pontevedra.
El abedul resiste condiciones climáticas duras, como fríos invernales intensos, vientos y nevadas. Es muy resistente a heladas y alcanza en Galicia cotas no superadas por ninguna otra frondosa, llegando a los 1700 m. No soporta las condiciones climáticas mediterráneas, requiriendo elevada humedad ambiental durante casi todo el año. Así, en la Galicia meridional, con veranos más secos, aparece de forma natural únicamente en las proximidades de los cursos de agua o en zonas con suelo relativamente húmedo todo el año.
Es una especie muy rústica y poco exigente en cuanto a la calidad de los suelos, resiste los muy ácidos y pobres siempre que no sean excesivamente filtrantes, y soporta el encharcamiento estacional. Es en este sentido una excepción entre las especies frondosas, resultando muy interesante esta especie para ser utilizada como nodriza, que mejora las condiciones del suelo para la instalación posterior de otras más exigentes.
El temperamento del abedul es de luz, por lo que no le va bien, desde la primera edad, la cubierta arbórea. Se considera una especie de temperamento robusto y colonizadora. En los montes gallegos en los que vegeta bien se aprecia a menudo como coloniza los brezales y en general los matorrales de degradación avanzada, en terrenos devastados por frecuentes incendios.
La regeneración del abedul es muy buena a partir de semilla, fructificando en abundantes cosechas anuales a partir de los 10 años. Requiere sin embargo terrenos despejados para el desarrollo de las plántulas, condiciones que se dan en terrenos labrados o quemados. Brota bien de cepa aunque no de raíz.
El abedul alcanza normalmente los 15 - 20 m de altura, presentando copa redondeada y clara que produce poca sombra. Es especie poco longeva que no sobrepasa normalmente los 130 años. Las raíces son poco profundas y extendidas.
El crecimiento es de tipo medio, relativamente rápido hasta los 30 años aproximadamente, ralentizándose posteriormente hasta estancarse en torno a los 50 años de edad. Los rendimientos son del orden de 4 a 8 m3/ ha año.
La madera es de coloración blanca a blanca-amarillenta, pero toma un color rosa-anaranjado en los árboles maduros y enrojece con posterioridad al aserrado.
Puede presentar manchas de color castaño oscuro y curso de la veta irregular.
Tiene un cierto brillo y grano fino y homogéneo. Su densidad aserrada y secada al aire es del orden de los 670 kg/m3. El secado es relativamente bueno, sin grandes deformaciones, contracciones o grietas. Toma bien los tintes y es fácil de trabajar. No resiste la intemperie y es muy vulnerable al ataque de hongos e insectos, por lo que no debe ser empleada en exteriores salvo que sea tratada con productos químicos protectores. Tiene buenas características mecánicas.
Puede considerarse en general como de calidad intermedia.
La dificultad para encontrar fustes derechos y de grandes dimensiones limita considerablemente los usos actuales de la madera de abedul. Se emplea para pequeñas piezas de madera, tornería y talla, muebles, bastidores, artículos deportivos y suelos de madera (parquets, entarimados). Puede emplearse para obtención de chapa, para lo que conviene tanto la madera limpia como aquella con defectos tales como lupias y verrugas. Da una leña y carbón de gran calidad.
Selvicultura:
Especie poco empleada en repoblación, los montes de abedul existentes provienen en su mayor parte de regeneración por semilla después de incendio, abandono de terrenos agrícolas o de regeneración por rebrote tras corta.
 |
Abedul de porte excelente en el monte vecinal en mano común de Teixeiro(Lugo) |
A menudo el abedul se desprecia por ser una especie que aparece por regeneración natural en los montes, casi siempre con elevadas densidades de plántulas que al crecer sin los mínimos cuidados conducen a masas impenetrables, con árboles de reducido o nulo valor comercial.
 |
| Parcela de repoblación en monte conveniado de Betula albade 16 años, (Castrocaldelas, Ourense). Sería preciso realizar un primer clareo |
Sin embargo, la mayor relevancia selvícola del abedul es precisamente su capacidad de crecer en condiciones de suelo bastante negativas, donde tiene además un efecto de especie mejoradora que puede dar paso al empleo de otras más exigentes, con un crecimiento interesante si se le aplican actuaciones selvícolas adecuadas.
Siempre será conveniente su uso en mezcla en repoblaciones de coníferas, donde incluso en unas proporciones reducidas, como un 10% de los pies, proporciona una nota de color sin llegar a dar una gran competencia. En repoblaciones de coníferas es interesante también su uso en plantaciones en bandas para crear cortafuegos verdes. Asimismo, como se comentó, puede desempeñar la función de especie protectora secundaria, en mezcla con frondosas exigentes.
Un marco de plantación apropiado es 3 x 3 m (1100 pies/ha), debiendo emplearse planta de dos savias, a raíz desnuda, de unos 60 a 70 cm de altura. En regenerados naturales es adecuada una densidad inicial de unos 1100 pies/ha, pudiendo llegar a 1600 pies/ha, aunque lo normal sin embargo es la existencia de densidades altísimas que requieren intervenciones muy intensas y precoces. Si no se hace así las masas se autoaclaran poco a poco, pero los individuos carecen de la talla y el vigor suficientes, debido a las duras condiciones de competencia.
Este es uno de los principales problemas en los montes de la especie y dificulta la posibilidad de alcanzar diámetros de corta interesantes.
Las intervenciones de clareo deben ser por tanto tempranas e intensas, para reducir la densidad a valores del orden de 1300 pies/ha en una o, a lo sumo, dos intervenciones de corta. Estas deben ser semisistemáticas, abriendo calles para facilitar las operaciones de saca. Los productos obtenidos sólo valen para leñas, pero la actuación es totalmente indispensable.
El abedul suele presentar bifurcaciones y mala poda natural, por lo que es necesario tallarlo y podarlo. Las tallas de formación se harán entre los dos y los seis años y se efectuará una poda baja cuando la altura total sea de 6 m, con poda alta adicional que se centrará en los mejores 500 a 600 pies/ ha. Estas operaciones se deben hacer a partir de mayo, ya que en la parada vegetativa invernal presenta una fuerte presión de savia que se derramaría por las heridas de poda.
El abedul es muy exigente en espacio vital, por lo que son necesarias claras vigorosas para que los árboles crezcan convenientemente en diámetro. Cuando la densidad se ha reducido a valores próximos a 1100 o 1300 pies/ha, la primera clara se realiza entre los 10 y 15 años, eliminando hasta la tercera parte de los árboles, cortando los individuos menos vigorosos y los peor conformados.
Es conveniente una selección temprana de los árboles de porvenir, operación que puede realizarse sobre los 20 años, coincidiendo con la segunda clara. La selección de los mejores 300 pies/ha no es sencilla por la tendencia del abedul gallego a bifurcarse y tener ramas gruesas, por lo que siempre surgirán problemas al elegir los pies de mejor forma y su distribución uniforme sobre el terreno (la distancia media entre árboles debe ser de unos 6 m), ya que a menudo árboles de buen porte están muy próximos entre sí. Será recomendable en este caso dar prioridad a los criterios de forma.
 |
| Plantación de abedul en el que se efectuó una clara y poda baja (Viveiro, Lugo). |
La selección de pies de porvenir permite realizar esa segunda clara en su provecho, eliminando específicamente los pies más próximos a los de porvenir y que pueden someterles a mayor competencia. Será conveniente que el desarrollo de sus copas sea prácticamente libre a partir de estos momentos.
La tercera y última clara puede realizarse hacia los 25 años, y se dejarán en pie los árboles que llegarán a la corta final, en número de 300 por ha.
La edad de corta está entre 35 - 40 años para una máxima producción de madera, pero la obtención de diámetros de 30 a 35 cm se consigue con edades de 40 - 45 años. No es conveniente prolongar mucho más la edad de corta por la frecuencia de las pudriciones de árboles en pie.
|