Manual de selvicultura de
Frondosas Caducifolias
Índice
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6. SELVICULTURA DE LAS PRINCIPALES ESPECIES DE FRONDOSAS FORESTALES PARA EL NORTE DE ESPAÑA

6.8 Quercus rubra Roble americano. Carballo americano.

El roble americano es una especie procedente de la costa atlántica de Norteamérica, donde habita en un área extensísima que abarca desde Canadá a Lousiana. En el norte de España y Galicia es una especie cada vez más empleada en repoblaciones forestales, aunque las repoblaciones de mayor edad y extensión se sitúan en el País Vasco, Navarra y Cantabria.

Las exigencias climáticas son similares a las de los robles indígenas, adaptándose en general a climas atlánticos suaves. Es sensible a heladas tardías y no soporta los veranos extremadamente secos o calurosos, aunque tolera la sequía estival mucho mejor que los robles del país. En Galicia se ha plantado hasta altitudes de 1000 a 1300 m.

Se desarrolla sobre suelos de naturaleza silícea o calizos, siempre que estén descarbonatados por la abundancia de lluvias al menos hasta los 30 - 40 cm de profundidad. Se considera menos exigente en nutrientes que los robles autóctonos. Los suelos óptimos para su desarrollo son los profundos, con más de 70 cm disponibles para el desarrollo de las raíces, frescos y bien drenados (texturas franco-arenosas), si bien tolera suelos arenosos muy drenados. Los suelos hidromorfos o compactos no le convienen, ya que es sensible a la falta de oxigenación de las raíces. Soporta los suelos ácidos mejor que los robles del país pero, desde luego, no tanto como el abedul.

Considerada de media sombra, tolera una cierta cubierta en los primeros años, pero requiere progresivamente más luz al aumentar su edad, haciéndose marcadamente fototrópica, lo que origina ramas gruesas orientadas hacia los huecos en la cubierta de copas.

La regeneración es muy abundante y fácil de obtener por semilla, aunque como los demás robles no fructifica hasta edades algo avanzadas (unos 30 años). Rebrota bien y vigorosamente de cepa, habiéndolo hecho en Galicia después de incendios. No brota de raíz.

Es un árbol muy corpulento, de hasta 30 - 35 m de altura, alcanzando además diámetros muy importantes. La copa es amplia y las ramas rectas, con tendencia a presentar fustes de mala conformación cuando no se han practicado los cuidados selvícolas necesarios. El sistema radical es fuerte y profundizante. Menos longevo que los robles autóctonos, alcanza edades de 200 a 250 años.

El crecimiento es más rápido que en los robles autóctonos y sostenido desde edades tempranas (si se ha empleado planta con buen desarrollo radical en la plantación).

Madera de buena calidad, aunque de propiedades muy variables, presenta en general grano basto y fibra recta. Más pesada que la de los robles europeos y de tonos más rosados. La madera secada al aire tiene una densidad de 700 kg/m3.

Presenta buenas características mecánicas, por lo que en su área de origen se ha empleado mucho como madera de mina.

Se raja bien, pero se sierra y se trabaja mal, presentando problemas de secado. Es medianamente estable frente a la humedad y menos duradera que la de los robles del país. Se utiliza bastante en interiores, para revestimientos, entarimados y muebles, para lo cual se importa madera aserrada procedente de Norteamérica.

Selvicultura:

El roble americano es una de las especies de mayor interés forestal, entre las tratadas en este manual. En estaciones buenas para la especie se registran crecimientos de hasta el doble de los que ofrecen los robles autóctonos, siendo mucho más frugal que ellos. Esto, unido a su vigor y crecimiento inicial en altura, justifica su creciente uso en repoblación. Tiene además un interés paisajístico y ornamental relevante por la coloración rojiza otoñal de sus hojas.

Plantación de roble americano a marco de 4 x 4m. en la que se practicaron podas pero no las necesarias tallas de formación.

Presenta buenas posibilidades de uso en muchos terrenos de textura arenosa y relativamente ácidos en los que da producciones interesantes donde pocas frondosas llegan a prosperar adecuadamente.

Por sus posibilidades productivas y requerimientos estacionales se le considera el equivalente, entre las frondosas, al pino de Oregón.

Aunque normalmente se repuebla por plantación, cabe la posibilidad en esta especie de acometer siembras, especialmente en terrenos agrícolas abandonados, aunque la escasa disponibilidad de semilla en España lo hace inviable.

La elección de la densidad de plantación constituye en esta especie un dilema importante. A menudo las empresas de trabajos forestales plantean densidades bajas, de 600 a 800 pies/ha, debido al elevado coste de la planta de vivero y a las limitaciones para la subvención de los trabajos. Dadas las dificultades actuales para utilizar planta seleccionada esto lleva casi siempre al fracaso, al no disponer luego de suficiente número de pies para seleccionar algunos de buena forma. En todo caso, si se opta por densidades bajas, resulta fundamental usar plantas de gran calidad, con posteriores tallas de formación muy frecuentes Las densidades elevadas, del orden de 1500 a 2000 pies/ha, parecen adecuadas para contar con una mayor base de selección, aunque debe tenerse en cuenta que la necesidad de un correcto embalaje y una muy cuidadosa plantación incrementa mucho el coste de plantación en este caso.

Una posibilidad interesante en esta especie consiste en las repoblaciones mixtas con coníferas, con lo que éstas aportarán un acompañamiento lateral que favorecerá la forma de los robles.

Las plantas serán de una o dos savias, a raíz desnuda, repicadas y con sistema radical fasciculado. Es un error frecuente el uso de plantón de excesiva altura (2 metros) y con sistema radical muy reducido. La planta es bastante sensible a un manejo inadecuado, y especialmente a la plantación en suelo excesivamente encharcado.

Es muy sensible a la competencia, sobre todo a la herbácea, siendo recomendables los desbroces posteriores a la plantación. La planta es muy apetecida por la fauna silvestre, por lo que requiere siempre algún modo de protección.

En las edades jóvenes se ve favorecida por una ligera cobertura, pero pronto sus exigencias en luz serán similares a las de los robles autóctonos. La conservación de los setos o arbolado que bordea la parcela a repoblar resulta muy importante para el buen resultado de la plantación, al crearse un ambiente forestal que limita los daños por viento o golpes de sol.

Es una especie sensible a las heladas tardías, que le provocan ahorquillamiento, defecto que también pueden derivar de las características propias de los robles, que suelen presentar varias yemas en el extremo del crecimiento. Estas yemas suelen dar lugar a horquillas o ramas gruesas con tendencia vertical. La dominancia apical es, por lo general, poco intensa.

Las tallas de formación serán moderadas y progresivas, debido a la falta de rigidez del tallo de los árboles jóvenes, que hace que pueda curvarse por el peso de las hojas. Normalmente el crecimiento del año recupera fácilmente la rectitud, pero no la parte baja del tallo. Por otra parte, al igual que el resto de los robles, el americano reacciona ante una reducción de la altura de la copa viva mediante la emisión de brotes chupones, siendo necesario al menos mantener un 50% de la altura total con hoja.

Las tallas de formación pueden comenzarse cuando las plantas muestren signos de un vigoroso crecimiento inicial, en general el segundo o tercer año, cortándose horquillas apicales y ramas gruesas en la parte baja del tallo. Se tallarán un total de 400 - 600 pies/ha, hasta una altura de 5 - 6 m. Las tallas deben ser frecuentes, para evitar la necesidad de cortar ramas gruesas, y se pueden iniciar a los 4 años. La falta de rigidez de los tallos limita el uso de sierras o motosierras montadas sobre pértigas telescópicas.

Las podas solo afectarán a los pies ya tallados y de mejor vigor (candidatos para árboles de porvenir).

Se suele realizar una poda hasta los tres metros en 200 pies/ha cuando los árboles tienen 6 - 7 m de altura y una poda alta hasta 5 metros sobre 80 - 100 pies/ha, que serán los de porvenir, cuando éstos alcancen los 10 - 12 m.

El rápido crecimiento inicial provoca pronto una competencia intensa entre las plantas, por lo que se deber realizar clareos frecuentes y vigorosos, conservando los mejores pies y eliminando los de mala forma y árboles lobo, que son muy frecuentes. Tras los clareos se llegará a una densidad de 600 a 1100 pies/ha a los 10 - 15 años.

La forma del roble americano es con frecuencia mediocre, y los ejemplares mal conformados deben rechazarse con mayor severidad según sea mayor la densidad de plantación.

Se debe realizar una selvicultura intensa con claras frecuentes y precoces, que serán mixtas o por lo alto, afectando a menudo a pies dominantes. A los 20 - 25 años puede hacerse una preselección de los pies de porvenir, coincidiendo con su poda alta. La selección se basará fundamentalmente en las buenas características de forma.

El número total de claras, tras un clareo previo, puede ser de 5, eliminándose en cada una alrededor de un tercio de los árboles.

El esfuerzo de selección acabará a los 50 años, realizando la corta final a los 70 - 80 años. Los árboles de porvenir cuentan por tanto con unos 20 años para incrementar su diámetro, que debe rondar los 60 cm en la corta a hecho final. En la siguiente tabla se muestra una evolución indicativa de la densidad en el tiempo.

Con densidades excesivamente elevadas, el importante fototropismo de esta especie puede llevar a defectos en la verticalidad de los troncos, que se inclinan hacia la luz en huecos de la cubierta dejados por otras copas.

Si se quiere intervenir sobre un rodal que precisa de claras y presenta exceso de densidad habrá que hacerlo de forma cuidadosa, sin plantear claras fortísimas que reduzcan el número de árboles a los planteados en la tabla anterior en una única corta. Deben realizarse por tanto varias claras eliminando un máximo del 40% de los árboles en cada una, separándolas al menos tres años entre sí.

Rodal de roble americano de excelente calidad en el término municipal de Becerreá (Lugo).

El roble americano es sensible a enfermedades como el chancro y la tinta, por lo que se restringirá su uso en áreas afectadas por estas patologías.

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