Manual de selvicultura
de Frondosas Caducifolias
Índice
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6. SELVICULTURA DE LAS PRINCIPALES ESPECIES DE FRONDOSAS FORESTALES PARA EL NORTE DE ESPAÑA

6.9 Quercus pyrenaica: Rebollo, Melojo. Cerqueiro, Cerquiño, Rebolo

Presente en la práctica totalidad de la geografía española. En Galicia es más abundante en las provincias de Lugo y Ourense, donde forma masas de cierta extensión. En el resto de la región aparece de forma más o menos dispersa.

Está presente en climas de tendencia mediterránea y/o continental. Resiste cierta sequía estival, precisando un total de 600 mm de precipitación anual para su desarrollo. Se adapta a climas muy continentales, alcanzando en Galicia los 1300 - 1500 m de altitud.

Especie calcífuga, se desarrolla casi siempre sobre suelos de naturaleza silícea (areniscas, granitos, pizarras). No tolera suelos encharcados ni muy pesados, prefiriendo texturas de tipo arenoso.

Especie considerada como de media luz y de temperamento robusto, actúa como colonizadora de terrenos quemados o desprovistos de cubierta vegetal.

Brota bien de semilla, bien de cepa y emite brotes de raíz muy abundantes, que originan regenerado de chirpiales de altísimas densidades. Fructifica de manera similar a los robles del país, con fríos intensos e incluso heladas tardías, debido a que brota ya bien entrada la primavera y a que tiene un corto ciclo vegetativo.

Es árbol de talla media (hasta 20 - 25 m de altura), inferior a la de los robles anteriores. Normalmente presenta portes tortuosos, que pueden corregirse si se mantiene una densidad adecuada a lo largo de su desarrollo y las masas no son castigadas por incendios y otros daños. Su sistema radical es potente y pivotante, lo que le proporciona una gran resistencia mecánica a vientos, emitiendo además gran cantidad de raíces superficiales enmarañadas, capaces de producir numerosos brotes como respuesta a la corta o el fuego.

Menos longeva que otros robles autóctonos, puede vivir hasta los 500 - 600 años de edad. Su crecimiento es lento, con rendimientos del orden de 1 - 2 m3/ha año.

La madera es de similares características mecánicas a la de los otros robles autóctonos, pero considerada de calidad algo peor por ser más inestable y propensa a sufrir deformaciones y grietas durante el secado, que es bastante lento. Difícilmente se alcanzan buenas dimensiones de madera sin pudriciones. La albura es poco durable y el duramen resiste el ataque de hongos de pudrición e insectos, a excepción de las termitas.

Los usos son similares a los citados para la madera de los otros robles autóctonos, se emplea en duelas de barril y para apeas y traviesas de ferrocarril. Los fustes suelen ser cortos, irregulares y nudosos (aunque con buenas prácticas selvícolas pueden tomar buenas formas y dimensiones), por lo que es difícil obtener piezas de escuadrías y calidad apta para la construcción, siendo una madera poco apreciada en este ámbito. La leña y carbón vegetal son de buena calidad, siendo éstos sus empleos principales tradicionales.

Selvicultura:

Las variaciones estacionales de los lugares donde aparece la especie, así como las características socioeconómicas, reflejadas en los tratamientos sobre las masas y la estructura de la propiedad, hacen que las manifestaciones del rebollar sean muy diversas, desde montes altos de espesura completa y gruesos fustes a formaciones de porte subarbustivo, con numerosos y raquíticos brotes de raíz. La gama de espesuras es también muy alta.

En Galicia es frecuente que el rebollo aparezca en mezcla con el roble carballo, en zonas con clima atlántico de influencia continental o mediterránea. En ese caso el tratamiento general corresponderá al expuesto para los robles. Los rebollos podrán respetarse siempre que su porte forestal sea adecuado, lo que sucede a menudo en este tipo de montes.

Los rebollares puros, frecuentes en áreas de montaña del sur de Lugo y de Ourense, tienen pocas posibilidades de cara a la producción de madera. Otros aprovechamientos y valores, como el protector, paisajístico, cinegético o pastoral, pueden ser en este caso los principales.

Es precisamente de la actividad de pastoreo extensivo de la que derivan la mayoría de los incendios que periódicamente asolan los rebollares. Debe indicarse al respecto que existen otras técnicas para asegurar la transitabilidad y la producción de pasto, sin necesidad de acudir al fuego que degrada el monte por erosión y elimina el arbolado. En un rebollar tratado convenientemente siempre será posible un aprovechamiento silvopastoral.

En montes de rebrotes pueden mantenerse las cortas en monte bajo si interesa la producción de leñas. En caso de degradación importante o de interés principal silvopascícola pueden realizarse cortas selectivas de clareo en los rebrotes para favorecer la existencia de pasto (aprovechamiento ganadero o cinegético) o efectuar plantaciones de enriquecimiento con especies de mayor interés comercial. En este último caso se suelen utilizar coníferas (pino pinaster y silvestre), aunque la sustitución sistemática y en grandes masas no nos parece conveniente, pudiendo usar además frondosas en las mejores estaciones.

El castaño es la especie que más se ha empleado tradicionalmente en el medio rural gallego para plantar en áreas de reboleiras, creándose así los típicos soutos de producción de fruto de las montañas orientales. Puede usarse también el roble americano y, en zonas especialmente buenas, cerezos o nogales.

Monte bajo de rebollo que precisa resalveo. (Sierra de Béjar, Salamanca)

Los tratamientos de rebollo en monte bajo para leñas fijan un turno de 20 a 25 años, pudiéndose dejar una reserva de unos 200 pies/ha para apearlos a los 40 años. La reserva escalonada de pies, cada vez que se efectúa una corta de monte bajo, da lugar a montes medios, que por no estar prácticamente representados en el Noroeste de España serán obviados en este trabajo.

Ambos métodos de monte bajo y monte medio pueden tener cierto interés en algunas zonas, pero están en desuso por el bajo consumo de leñas, que parece reactivarse en los últimos años por la vuelta de las "chimeneas francesas".

La evolución natural del rebollar (propagación por brotes de raíz) y la evolución posterior al incendio nos conduce en la mayoría de los casos a masas de gran densidad con pies altos y delgados. En estas circunstancias la copa está poco desarrollada, es estrecha y limitada a la parte superior del árbol. En consecuencia se produce un estancamiento de la masa y las guías se secan con frecuencia. En estas condiciones una acelerada puesta en luz aumenta el riesgo de descopes, al combar el árbol con la nieve, en invierno, o con el peso de la masa foliar derivada de la puesta en luz.

Es frecuente que al iniciar las operaciones de clareos nos encontremos con densidades del orden de 20000 a 30000 pies/ha o más, que después de sucesivos clareos, con extracciones del 50%, llevamos a densidades de 2000 a 2500 pies/ha.

Con estas intensidades de corta se controla bastante bien la aparición de brotes chupones, a los que tiene gran tendencia el rebollo tras la puesta en luz.

Las claras afectarán a los pies deformes, torcidos y puntisecos, y a árboles lobo; serán mixtas y se debe prevenir la aparición de un subpiso inferior de rebrotes, favoreciendo el pastoreo posterior a la corta y actuando preferiblemente en agosto-septiembre, para que el rebrote inducido se hiele en invierno.

Muchas zonas de rebollar presentan cada vez mayor importancia cinegética de caza mayor, y es muy recomendable reducir las fuertes espesuras de las masas para favorecer la transitabilidad y la existencia de pasto.

Las escasas plantaciones de esta especie suelen realizarlas los Servicios de Medio Ambiente y tienen un objetivo protector o restaurador. Se pueden realizar con unas densidades de 2000 pies/ha (2 x 2,5 m), con planta de una o dos savias, preferentemente en envase, o bien mediante siembra de bellota en casillas. Se pueden plantear repoblaciones mixtas, pie a pie, con coníferas, como pino silvestre o laricio, en proporción de frondosa-conífera tres a uno.

Monte alto de rebollo con pies añosos de gran diámetro. (Vilariño de Conxo, Ourense)

 

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