| Manual de selvicultura del Pino radiata en Galicia |
ÍNDICE |
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5. LA SANIDAD DEL PINO INSIGNE 5.2 LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA PATOLOGÍA DEL PINUS RADIATA EN GALICIA Señala Rafael Areses en su libro Parques y Jardines de la provincia de Pontevedra que en 1909 había en la entrada del castillo de Monterreal en Baiona un buen ejemplar de Pinus radiata que rondaría los cuarenta años de edad y que junto con otro existente en Redondela eran los primeros ejemplares introducidos en Galicia. En proyectos de repoblación realizados a partir de 1918 por este mismo autor, aparece esta especie como una de las exóticas a ensayar. Años después ya comenta que los resultados que se están obteniendo son muy buenos. A partir de 1925 se inicia la plantación de este pino en áreas próximas a la costa en los primeros ensayos realizados dentro de los planes de repoblación de la Diputación de Pontevedra que animaba Daniel de la Sota con la finalidad de obtener materiales celulósicos. En 1931 Echeverría y De Pedro presentan los primeros datos dasométricos obtenidos de éstas plantaciones con producciones anuales de madera que superaban en las mejores calidades los 30 m3/ha y año, producción a la que hoy nos parecería imposible llegar. Ya en esa época nos dicen estos autores que: "….en las cumbres, exposiciones azotadas por los temporales y suelo de escaso fondo y pobre, vegeta raquíticamente y se convierte en blanco de los ataques de insectos y, en especial, de enfermedades criptogámicas". En 1942 publica J. Benito Martínez un trabajo sobre las micosis de este pino en Guipúzcoa y comenta en la introducción: "…es un hecho innegable la aclimatación de pino insigne en el norte de España. Sin embargo, hay algunas zonas en las que, por diversas causas, esta especie no vegeta bien. Prueba de ello son las epifitias que viene sufriendo, unas de carácter benigno, que solamente retrasan su desarrollo, y otras de carácter más grave, que llegan incluso hasta producir la muerte de bosquetes enteros". Veinte años después la expansión de esta especie es ya importante en Pontevedra ocupando extensas zonas de nuestra área costera, área que muestra grandes homologías climáticas con la costa californiana de donde esta especie es originaria. En los años setenta se inicia en Pontevedra una clara regresión en el área ocupada por este pino por causas sanitarias no bien definidas pero que desplazaron a esta especie en favor del Pinus pinaster y posteriormente del Eucaliptus globulus, mejor adaptadas a las condiciones ambientales. Por el contrario en las áreas más septentrionales y del interior de Galicia se inician las plantaciones a gran escala con esta especie en la década de los setenta y otra fuerte expansión se lleva acabo en la década de los noventa al amparo de la reforestación de tierras agrarias con resultados desiguales dada la naturaleza de los terrenos a plantar. En el Centro de Investigacións Forestais de Lourizán se desarrollan una larga serie de trabajos sobre la sanidad de este pino que forman la base de la exposición que contiene este manual. En 1974 se detectó la entrada y el desarrollo del hongo Dothistroma pini (D. septospora) causante de la enfermedad de la banda roja que produce fuertes defoliaciones. Hacia 1997 se detectó en vivero la presencia de otro patógeno próximo al primero que se denomina Lecanosticta acicola y que causa la enfermedad de la hoja acastañada; esta enfermedad pudo ser introducida con planta procedente de América, pasando este patógeno en poco tiempo a causar daños, por el momento limitados, en las masas jóvenes. En 1998 se tienen noticias de la posible presencia de Fusarium subglutinans vard. pini en viveros situados fuera de Galicia; de confirmarse esta noticia se estaría ante otra grave enfermedad, el chancro rosado, que obligaría a prestar una mayor atención a su protección sanitaria. Se considera que una vía rápida de entrada de estos patógenos pudo ser a través de la importación de semilla y de material vegetal, realizadas por los viveristas particulares y aún por organismos oficiales. Estas importaciones de procedencias norteamericana, chilena o neozelandesa se realizaron en busca de mejoras rápidas de este pino sin que mediara un plan de mejora genética bien definido donde la sanidad tendría que jugar el papel que le corresponde. Las masas adultas de pino insigne han mantenido en Galicia altas densidades debido a los marcos de plantación, que llegaron a ser de 2x 1,5 m, y a que en general adolecen de tratamientos selvícolas; estas circunstancias han contribuido a debilitar la planta y han propiciado el desarrollo de agentes patógenos favorecidos por las condiciones de humedad y temperatura creadas en el interior de estas masas en las que se forma un importante tapiz de acículas caídas que no se degradan y que retienen la humedad. Hasta hace poco tiempo, no se practicó la poda y cuando se hizo, se realizó con fines de desbroce, se aplicaron malas técnicas que llevaron a la producción de heridas y daños por los que penetran fácilmente algunos agentes patógenos, como son Sphaeropsis sapinea y Lachnellula sp., que llegan a producir el deterioro de la madera a medio y largo plazo. Las ayudas oficiales para la repoblación forestal de tierras agrarias desencadenó una fiebre de plantar y una nueva expansión de P. radiata en terrenos agrícolas excedentarios y en áreas de matorral sin que mediara un conocimiento suficiente en temas como: la preparación del suelo, la calidad de la planta, los sistemas y densidades de plantación, las labores intermedias, dentro de un nuevo marco de actuación. Esta falta de ideas claras en el manejo de esta especie produjeron en las nuevas plantaciones estados de decaimiento o debilidad que propiciaron fuertes ataques de hongos patógenos como Armillaria sp. o de insectos como Hylobius abietis relacionados con estas primeras situaciones de las plantas y que resultan ser buenos indicadores de que algo se hizo inadecuadamente en la preparación del suelo. Otros ataques causados por insectos tales como, Tomicus piniperda o la conocida Procesionaria o por hongos como Dothistroma septospora son de otra índole y su presencia será debida más a condiciones climáticas o a la calidad genética de la planta que a la instalación de las plantaciones. Una de las grandes cuestiones que se plantean estriba en saber si la productividad de este pino decreció en los últimos años. En ese sentido en parcelas con 36 años situadas en zonas próximas a la costa en las que se constata, a través de inventarios, que el crecimiento corriente medido en los últimos cinco años es menor que el crecimiento medio de la masa existente, lo que indica que la productividad de este pino mermó en los últimos años, producción que ronda los 8 m3/ ha y año, muy alejada de aquella de 30 m3 que Echeverría y De Pedro habían obtenido en 1931 para una condiciones similares de estación. En conjunto las masas gallegas de P. radiata presentan en la actualidad un estado sanitario deficiente; desde los primeros años de la plantación hasta que la masa se cierra se observan fuertes defoliaciones en planta distribuidas irregularmente, acompañada con la muerte súbita de otros pies debido a razones varias; cuando estas masas llegan a la edad de adultas los daños parecen estabilizarse debido a que los pinos más afectados por las patologías quedan dominados o han muerto y los dominantes son los resistentes a las enfermedades foliares y enmascaran parcialmente el estado sanitario. Dentro de esta visión rápida se constata en algunas masas, tratadas a turnos de treinta años o más, ejemplares de buenas dimensiones inservibles para madera de sierra a causa de los daños causados en sus fustes por agentes patógenos xilófagos Lachnellula sp. que le producen importantes chancros y que devalúan su producción. Como muestra orientativa del estado de muchas masas de este pino en Galicia se puede citar los resultados obtenidos en reconocimientos de rodales adultos, 25 a 30 años de edad, en los términos municipales de Guitiriz y Vilalba en la provincia de Lugo. En estas parcelas, repobladas con densidades mayores de 3.000 plantas por hectárea, sólo un 16% / 17% de las instaladas inicialmente han llegado a producir madera con valor comercial. Además, la madera producida es de muy baja calidad por la presencia de numerosos nudos y también por la presencia de chancros. Todo este conjunto de problemas no pasan desapercibidos para el propietario particular que observa con atención sus bosques y que por ello está dispuesto a cuidarlos aplicando las técnicas oportunas. Al mismo tiempo, el selvicultor se desalienta ante los múltiples problemas que plantea esta especie y las dificultades que encuentra para solucionarlos.
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